¿Está justificada esa adicción que tenemos a escribir mucho? ¿O por el contrario merece la pena escribir bien, aunque escribamos menos?

No me entiendas mal, no quiero decir que aquellos que escriben mucho, escriban mal. Pero si algo he notado en los años que llevo escribiendo de manera profesional es que cuanto más me centro en generar número de palabras, más olvido la calidad con la que tienen que salir.

Llevo ya muchos meses frustrado por la cantidad de palabras que genero cada día, dándole vueltas a cómo mejorarlo, por qué hacerlo, por qué no hacerlo… y quiero contarte cómo lo hago y por qué lo hago, para ver si puedes incorporar tú estos consejos a tu día a día.

Te voy adelantando que prefiero mil veces escribir bien a escribir mucho. Aunque luego llegue a puntos como este en el que me paso una semana llorando porque no avanzo lo suficiente.

El dilema de escribir más o mejor

Si sigues este blog desde hace tiempo, sabrás que tengo varias novelas aparcadas en un cajón a la espera de que me entren ganas de destrozarlas y rehacerlas. Una de ellas, la anterior a la que estoy a punto de terminar, la escribí con una única premisa en mente: terminar el borrador cuanto antes.

A priori no parecía una mala premisa. Planificas la historia, la divides, dedicas un día cada cierto tiempo a ver dónde estás y dónde quieres llegar y el resto del tiempo ESCRIBES. Sin importarte nada más que eso: poner una palabra al lado de otra y terminar el día con la mayor cantidad de texto escrito.

En esas condiciones, recuerdo que era capaz de generar entre 2000 y 3000 palabras en los días buenos y entre 1000 y 2000 los días no tan buenos.

Ahora, sin embargo, a duras penas cierro un día con 1000 palabras escritas. Bueno, 1000 palabras de ficción y de la novela, se entiende, porque si sumamos las que escribo para este blog, para el blog de WordPress para escritores y las que escribo para otro tipo de contenidos… salen muchas más. No tienes más que echar un repaso a las cifras de 2017 para comprobarlo, y eso que ahí no están las escritas para las páginas estáticas de las webs que llevo.

¿Quiere eso decir que escribo ahora peor que antes?

Ni de coña. Creo que refleja una madurez escritora mayor en la que escribir mucho ha pasado a un segundo plano y prefiero que lo que escriba esté bien escrito.

Déjame que te explique por qué.

1. El tiempo es oro

Hace cuatro años, cuando empecé, me encontraba en un momento de transición vital. Ya sabes, pasar de consultor tecnológico a escritor no es algo que suceda de la noche a la mañana, como te contaba en el post de la semana pasada.

Pasé de trabajar 18 horas al día a tener esas 18 horas para mí. Así que tenía muchísimo tiempo para aprender y para escribir.

Ahora tengo muchos proyectos literarios (y no tan literarios) abiertos en paralelo. Formación a escritores, soporte y mantenimiento técnico, desarrollo web, relatos, novelas… todo con un horario muy definido: cuando mi hija sale de la guardería, el trabajo se acaba. Por eso, escribir ficción tiene un tiempo definido y acotado del que no me puedo salir. Lo que escriba en esas dos horas y media mañaneras es lo que hay, no más.

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Sin embargo… siempre he medido lo que escribo por hora y aún así las cifras siguen siendo peores que antaño.

¿Por qué?

2. Agotamiento creativo

Algo de lo que me he dado cuenta es que la calidad de mis textos disminuye cuanto más tiempo paso escribiendo. Esto no quiere decir que mis habilidades sean peores (aunque nadie puede negar que mucho tiempo sin cambiar de actividad hace que trabajes peor), sino que hay ciertos factores muy importantes que considerar.

2.1. Concentración

Mientras hacía la carrera, hubo un profesor que me dijo que nadie puede mantenerse concentrado en una misma tarea más de 20 minutos seguidos. Quizá esta sea una afirmación excesiva o quizá no, pero lo que sí sé es que cuanto más larga es una sesión de escritura, más fácil es distraerse.

Repetir la misma tarea durante mucho tiempo (por muy creativa que sea) hace que termines mirando el móvil, Facebook, Twitter… o que te levantes a hacer cualquier tontería que no sea escribir.

2.3. Conexión entre las partes

Otra cosa de la que me he dado cuenta es de que en mis sesiones de escritura habituales (las que tienden a ser más cortas que largas) siempre escribo lo que me propongo. Y normalmente lo hago de manera lineal: termina la escena, empiezo la siguiente.

Sin embargo, cuando me pongo a escribir mucho me encuentro saltando entre escenas, incluyendo acotaciones de [ya lo definirás más adelante] o [¡¡ENLACE TEMPORAL!!]. Cosas que hacen que ahora vaya más rápido, pero que conseguirán que el proceso de revisión sea… infernal.

2.4. Parquedad en las descripciones

Y lo mismo pasa con las descripciones. Cuando avanzas como un misil, sin importarte el camino, concentrado solo en llegar lejos y escribir mucho, lo que suele pasar es que te quitas de encima todo lo que consideras superfluo.

En mi caso, esas sesiones de all you can eat de escritura suelen terminar con escenas en las que hay que reinsertar luego muchísimo texto. No describo los entornos, los símiles y las descripciones son directas y poco elaboradas y, en definitiva, se nota que estoy quitando elementos de lo que estoy haciendo para hacer que la historia avance rápido lo más posible.

 3. La importancia de las reglas

Cuando escribo una hora siempre soy muy escrupuloso con obtener el texto más pulido posible. Eso implica verificar la coherencia de la trama mientras escribo, buscar sinónimos, referencias cruzadas… Un proceso de escritura y edición como el que te contaba en este post sobre la edición eficiente.

Es decir: de cada hora de escritura, realmente estoy tecleando 40 ó 45 minutos.

En cambio, cuando decido hacer una maratón de escritura me doy cuenta de que deja de importarme escribir bien, de manera coherente, y solo me importa escribir mucho. En esos casos, mis sesiones se convierten en textos llenos de comentarios del estilo de:

  • Comprobar nombre
  • ¿De verdad este tío era así?
  • Más te vale confirmar que fue él quien hizo esto
  • XXXXX —> Busca inspiración
  • ZZZ, NNN e YYY —> dales un nombre e insertalos en la historia antes
  • ¡Revísalo!

Y una serie de insultos y palabras que no voy a transcribir aquí.

¿Con cuál de las dos opciones prefieres quedarte? Escribir mucho y revisar mucho, o escribir menos cantidad, pero escribir bien.

4. Método de planificación

Con los años he descubierto que no me gusta escribir con un guión muy rígido de lo que estoy haciendo. Sin embargo, también he descubierto que me lío enormemente cuando no tengo una hoja de ruta. Paradójico, ¿verdad? Si planifico mucho, me aburro al escribir, y si no planifico me pierdo mientras escribo.

Por eso, mi manera de trabajar se ha convertido en una especie de escribe-revisa-planifica-escribe, en ciclos de una hora u hora y media. Si mis sesiones de escritura dejan de ser cortas y pasan a ser kilométricas se convierten en un escribe-escribe-escribe-escribe, con el consiguiente descojone en la trama.

Porque cuando no tienes una guía que seguir puedes cargarte todo el trabajo que llevas haciendo. ¿Recuerdas esa novela en la que escribía 3000 palabras por día? Está en un cajón por incoherente, por inconexa, por estructuralmente insostenible y porque hay que unificar tres estilos distintos. Porque, aunque la historia sea buena, la ejecución es una mierda.

5. Coherencia

Perdidos (Lost) nos enseñó muchas cosas que no debemos hacer al contar una historia. Escribir mucho sin preocuparte por atar cabos o enlazar cada parte de la historia es, cuando menos, peligroso. Abrir 20 subtramas, descubrir 100 ideas para explorar y plasmarlas todas, solo porque te apetece, no es buena idea.

Ten mucho cuidado con que las piezas vayan encajando conforme escribes. Si no lo haces, corres el riesgo de que tus lectores se queden insatisfechos con el final que les des (o con la ausencia del mismo). Explorar por explorar está bien, las casualidades también están bien, pero una novela que no tiene un plan detrás, en la que el escritor va descubriendo cada parte al mismo ritmo que el lector es algo que se nota y no deja buen sabor de boca.

En resumen

Es más importante escribir bien que escribir mucho. Lo primero, porque es más fácil arreglar un par de defectos que reestructurar una historia completa. Lo segundo, porque muchos escritores se olvidan de que después de escribir viene un proceso casi más largo que la escritura en sí: la corrección. Cuanto más limpia hayas dejado la historia, la gramática, la coherencia… menos tendrás que sufrir durante ese horrible proceso que es la corrección.

Me temo que eso de escribir mucho suele acarrear cierta dejadez en el antes y el después de la escritura. Y no es un temor infundado, de todas historias que he leído como lector cero o lector editorial, muchas han tenido problemas de coherencia, estilo o estructura que se podrían haber subsanado parando a pensar de vez en cuando.

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    Comentarios

    1. Hola, David:

      Has abierto un debate interesante, pero yo en este caso me inclino por “escribir mucho”. Pero, claro, habría que matizarlo.

      Yo soy muy amiga de dejarme notas como las que tú comentas. Mis textos están plagados de asteriscos y notas entre corchetes que significan “investigar”, “revisar” o alguna de esas variantes. Intento no pasarme con los insultos, eso sí ;).

      “Escribir mucho” tiene sus inconvenientes, como tú comentas, pero creo que enfocarse en escribir más frente a escribir mejor es lo más adecuado para muchos escritores. Si tratas de “escribir bien” durante la primera pasada a tu historia lo más probable es que te bloquees o avances muy lentamente. Aunque planifiques mucho, durante el primer borrador también estás descubriendo la historia, e invertir más tiempo en escribir una primera versión pulida puede que sea en balde, si al final tienes que desechar partes de la historia y añadir otras.

      Eso sí, “escribir mucho” no sirve de nada si fuerzas la máquina más allá de lo que eres capaz y de lo que has planeado para esa sesión. Avanzar a ciegas no es avanzar en absoluto y el resultado será el que comentas: revisiones infernales.

      “Escribir mucho” y no complementar las sesiones de escritura con otras de re-planificación o investigación, o lo que necesites para apuntalar bien la historia, también es contraproducente.

      Por otro lado, habría que analizar qué entiende cada uno por “escribir bien”. ¿Es “escribir bien” que todo encaje a la perfección? ¿No cometer faltas? ¿No dejarse elementos fuera (como las descripciones que comentabas)? ¿Conjurar metáforas sobre la marcha? ¿Dar a cada elemento su nombre preciso? ¿Que todas las tramas y subtramas encajen a la primera? ¿Colocar correctamente todas las prefiguraciones (foreshadowing) desde el principio?

      “Escribir bien” el primer borrador teniendo en cuenta todas esas cuestiones parece casi imposible. La experiencia ayuda bastante; será gracias a ella que podrás escribir cada vez mejor esos primeros borradores. Sin embargo, para la mayoría de los escritores noveles (y muchos que no lo son), pretender escribir bien en la primera pasada solo consigue provocar bloqueos. Bloqueos totales, la típica parálisis frente a la pantalla en blanco o el devaneo frente a una frase, o bloqueos parciales y más difíciles de detectar: escribir a trompicones y volviendo una y otra vez sobre tus pasos (tratar de editar a la vez que escribes).

      Por eso creo que el énfasis debería estar en “escribir mucho”, dentro de las posibilidades de cada uno, porque tratar de “escribir bien” puede poner en marcha el aparato crítico del cerebro, y porque la primera versión de la historia, incluso si has planificado con esmero, tiene muchas posibilidades de irse a la papelera.

      Un abrazo!

      • El problema que veo yo con ese sistema de llenarlo todo de notas y avanzar a ciegas hacia delante, es que puedes encontrarte con puntos incongruentes dentro de tu historia. Una subtrama que no encaja, una descripción que no cuadra, una manera de hacer las cosas en una parte totalmente distinta en otra…

        «Escribir bien» no debe ser una escritura centrada en la gramática y la ortografía, sino en la coherencia del texto. Cuanto más avances con ese tipo de notas sobre investigación y revisiones pendientes, menos cerrada tendrás tu historia. Si has llegado a un punto en el que no sabes o no puedes hablar de algo porque no lo has investigado… ¿a qué esperas para hacerlo? Es más importante cerrar la narración y la trama que poner las palabras que vienen después. Porque si no lo haces, corres el riesgo de encontrarte con incongruencias en el texto.

        De hecho, hay dos grandes problemas en la primera revisión de un borrador: (1) varios estilos mezclados y/o una prosa imposible de seguir y (2) errores en la trama que te obligan a replantearte la situación y a reescribir la historia. Cuanto más limpios sean ambos puntos, más fácil será revisarlo. Y si algo me ha enseñado la experiencia… es que las revisiones de un texto son lo peor de escribir xD hay que facilitarse esa parte lo más posible.

        Un abrazo!

      • Hola, David!

        Claro, como decías en un comentario en facebook, se trata de una cuestión de equilibrio. Ni empecinarse demasiado en que salga todo correcto (a nivel de estilo y a nivel de trama) ni ir corre que te pillo detrás de una trama huidiza. En la sesión de escritura, seguir el plan con coherencia; en la sesión de revisión y replanificación, arreglar entuertos. Pero a mí pensar en “escribir bien” o “escribir mejor” me rechina; ya nos ponemos bastantes obligaciones y nos fustigamos si no cumplimos. Prefiero pensar en “escribir con seguridad” (con mapa y brújula), hasta donde la mano aguante.

        Hay también ciertas cuestiones que dependen del género. En CiFi es imperativo hacer tu investigación de antemano para que no se desmonte toda la trama; sin embargo, si escribes al estilo “literario”, igual te puedes dejar tranquilamente una nota para investigar un entramado de calles.

        Un abrazo 🙂

      • La verdad es que es un tema complejo. ¿Qué pensarías si te digo que soy un escritor más de brújula que otra cosa? 😛

        El caso es que, ciencia ficción o no ciencia ficción, hay ciertas acotaciones al margen que no pueden quedarse ahí. Un nombre, una calle, un detalle tonto… a mí no me frustra en absoluto. Bueno, miento, cuando llevas medio libro llamando a alguien XXX y a otro YYY… conviene sentarse a darles nombre xD. A lo que me refiero con que no se puede ir cegado hacia delante es a ese tipo de acotaciones que tienen una implicación subyacente mucho mayor. Me es difícil explicar esto sin poner ejemplos reales de Mariposas de Acero y destripar la trama pero… me refiero al contenido que sí impacta en la trama. Relaciones personales entre personajes, background de esos personajes, su historia, el por qué hacen ciertas cosas… o cualquier detalle que te hace pararte mientras escribes y decir «coño, quizá esto no tiene sentido si… bah, ya lo miraré después».

        En ese aspecto es cierto que la ciencia ficción exige un trabajo mucho mayor. Hay tantas cosas inventadas y desarrolladas por y para la historia, que es necesario tener buena cabeza o unas buenas notas. De hecho, ahora que lo pienso, quizá no soy escritor brújula y lo único que soy es un escritor que documenta muy poco en papel y mucho en su cabeza. Pero eso es otro tema 😛

        Supongo que cada cuál tendrá un baremo de lo que establecer los «problemas» que puede enviar a la fase de corrección y los que exigen una solución inmediata, pero creo que es importante hacer esa distinción. No todos los comentarios pueden ir a la primera revisión, ni todos los escollos exigen que los tratemos de inmediato.

        Un abrazo 🙂

    2. Saludos! Muy interesante artículo y, a su vez, los comentarios. Quisiera aportar un pequeño dato que me parece relevante. En torno al hecho de escribir mucho o bien, en mi caso depende de la situación y la disposición. En ocasiones “me lanzo” y hago como vosotros: dejo notas, etc. Otras veces, de forma mucho más pausada, perfilo lo que voy haciendo, reflexiono, me detengo, etc. Ahora, hay un tercer elemento interesante: muchas veces cuando llego a un punto de cierto bloqueo, lo que mejor me va es precisamente “no hacer nada”. Como cuenta Arthur Koestler en su célebre libro “el acto de creación”, hay un trabajo de insconsciente cuando uno no está propiamente escribiendo. Ese trabajo tiene sus frutos si uno regresa a la tarea tras un período relativo de contemplación. Y es todo un misterio, pues cómo de la nada surge “algo”, o se condensa la idea que se había perdido… pero así es. Muy interesante blog, por cierto.

      • Tocas un tema muy interesante. Y es que el proceso creativo sigue ahí dentro, aunque nosotros no le prestemos atención. Muchas veces, al encontrar un punto de bloqueo, el «no hacer nada» es una solución fantástica, porque dejas que los procesos subconscientes de tu cerebro continúen con la tarea y den con la respuesta. Es algo que no solo pasa en la escritura. Durante la carrera me encontré muchas veces resolviendo problemas o ecuaciones en los momentos más insospechados (comiendo, en la ducha…), en momentos de apagar el cerebro y dejar de dar vueltas al problema.

        ¡Saludos!

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